jueves, 11 de julio de 2013
Me llamó no sé si en sueños o de verdad, y recuerdo haber dudado. No sabía si contestar con mi indiferencia o gritar que se alejase de mí. De cualquier manera tendría que rozar con ella. Mínimo una palabra y máximo un infinito, podíamos quedarnos allí la tarde entera. Aquella y todas. Recuerdo que, en realidad, no pasó nada de eso. Tú habías marcado el número equivocado y yo había hecho como si no me importase, pero bien que había dolido. Recuerdo también haber quemado tu carta. La única que me mandaste. De hace dos meses y siete días. La que nunca respondí oficialmente, aunque sí que te he estado escribiendo. A veces con odio, otras con rencor y, muy pocas, con cariño. La respuesta nunca enviada que me conozco de memoria: dos párrafos, veinticinco líneas, ciento cuarenta y siete palabras, veintidós comas, diez puntos seguidos, quince tildes, miles de pensamientos, un objetivo y ni una sola verdad.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
.jpg)