Desperté sin idea alguna de dónde me encontraba.
Estaba, al parecer, encerrado en una habitación sin ventanas ni ningún tipo de
iluminación, supuse que habría paredes, aunque corrí de un lado a otro sin
darme contra ninguna. El suelo era negro, al igual que las supuestas paredes,
por lo visto.
Me sentí confuso, estaba allí encerrado y no había medio alguno
de contactar con nadie, al menos desde el interior, así que decidí sentarme, me
recogí de piernas y miré a todas partes. “Totalmente vacío” fue otra de las
cosas que simplemente supuse, puesto que no se veía nada, y no tenía intención
de moverme a comprobarlo.
Grité. Mi mente empezaba a simular una gran
locura. (O tal vez estuviese loco. Sería probable) Tarareaba una melodía que no
sonaba bien en absoluto, empezaba a tener miedo de mí mismo y acabé riéndome.
No quería hacerlo, pero no podía parar. Ahora me encontraba gritando en medio
de carcajadas al ritmo de lo que anteriormente tarareaba.
Se oyó un sonido metálico, y de repente escuché
“Silencio”, pero me daba igual, seguí riendo sin ganas. ¿Realmente quería eso?
No; quería salir de allí tan rápido como fuese posible.
-
Dime qué hago aquí, maldita sea. –
Ordené, y lo hice en medio de extrañas carcajadas que, simplemente, salían de
mí.
-
¿No reconoces este lugar? Creí que era
tu preferido… Siempre hablas de él. – Respondió una voz ronca, con total
tranquilidad.
-
¿Yo? Nunca había estado en un lugar
tan oscuro.
-
Tú eres el oscuro en esta historia.
-
No lo entiendo. ¡Juro no haber estado aquí! ¡Odio este sitio!
-
No te pareció tan malo durante estos
casi treinta años.
-
No comprendo. ¡Que me saquen de aquí!
– Seguí ordenando y riendo, esta vez con lágrimas en los ojos.
-
Piensa. – Volvió a oírse el sonido
metálico.
“No hay nada que me guste más que
eso”, pensé, así que me dispuse a hacerlo. Llegó un momento en el que me levanté; caminé un
poco. No me hizo falta mucho para darme cuenta de que aquello se extendía
infinitamente.
Entonces me dí cuenta de lo que realmente pasaba. De qué me
hablaba. Me tiré en el suelo. Ahora las carcajadas eran aún más fuertes. Ahora
realmente me había vuelto loco. Me estiré en el suelo, dí vueltas y pegué
patadas a la nada. Finalmente caí, ya me daba igual. Después de descubrir de
qué se trataba era como si no tuviese más cometido. Tirado, disfruté
infinitamente de aquel infinito imposible, y me resigné sabiendo que lo último
que sentiría sería mis lágrimas conmigo, y lo último que oiría, mis carcajadas
histéricas chocando contra mí, como bombas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario